Hola Papá:
No sé si hoy es un día feliz para ti. El 19 de marzo dicen que es un día especial, porque ser padre debe de ser un honor. Porque se supone que eres importante. El referente. El hombre en quien tus hijos miran para aprender.
Yo te quiero mucho.
A veces te miento para que no te enfades. Otras veces prefiero callarme. Y otras me pongo un poco rebelde. Pero luego pienso que, en realidad, lo hago porque tengo miedo. Porque haría casi cualquier cosa para que no me dejaras de querer.
Y de verdad que lo intenté.
Intenté seguir tu plan en el colegio para complacerte. Pero decir que mamá me maltrata, aunque a veces yo también me enfade con ella, fue muy duro para mí.
La vi llorar mucho. Muchísimo. Le costaba hasta respirar. Y aunque yo estaba intentando hacer lo que tú querías, su dolor también me dolía a mí. Parecía que estaba sentada delante de todos, como si la fueran a juzgar otra vez.
Yo pensaba que, si todo salía como tú decías, ella se pondría a gritarme, me castigaría y todo sería peor. Pensaba que me iba a encontrar un infierno.
Pero no.
Cuando todo pasó, entendí algo que no sabía. El miedo más grande de mamá no era ella. Éramos nosotros. Que nos separaran de su lado. Y en vez de encontrarme ese infierno que yo imaginaba, me encontré lo que siempre he tenido con ella: un lugar seguro.
A veces cansada.
A veces gritona.
Siempre corriendo.
Pero con nosotros.
En las buenas y en las malas.
Y ahí entendí una cosa, papá.
Que una casa no siempre es un hogar.
Y que mi hogar es mamá.
Tú hace mucho que te fuiste de ese sitio y a lo mejor ya no puedes verla como la veo yo: luchando todos los días, aunque la vida golpee fuerte. Aunque tú también lo hagas.
De casa en casa.
De fregona en fregona.
Cocinando, trabajando, poniendo mechas, haciendo música, inventándose mil formas de sacar adelante nuestro pan.
Y cuando digo sacarlo todo adelante, quiero decir todo.
Porque para ti 150 euros por cada uno de tus hijos es demasiado. Con 300 euros al mes crees que ya has cumplido. Que con eso basta para ser padre. Pero luego gastas dinero en juzgados para intentar echarnos de casa. Y aunque tú digas que es a mamá a quien echarían, yo sé que también nos echarían a nosotros.
Y eso me pone triste. Y enfadado. Las dos cosas a la vez.
Porque los niños necesitamos sentir que pertenecemos a un sitio. Y mamá es la única persona que yo he visto llorar de verdad por miedo a que nos separen de ella.
Así que siento que lo del colegio no saliera como tú querías.
Siento que te pese tanto lo que pagas por nosotros.
Siento que nos lo reproches tanto.
Pero no siento que mamá sea una vaga.
Me confundes cuando dices, lleno de rabia, que “lo que tiene que hacer es trabajar”, porque yo no la veo descansar nunca.
Ella nos despierta.
Nos da el desayuno.
Nos pone comida caliente.
Nos lleva al cole.
Nos lleva a las extraescolares.
Trabaja mientras estamos en clase.
A veces nos lleva con ella a sus trabajos.
A veces llega tarde porque antes ha tenido que atendernos.
Y sí, a veces nos grita.
Y a veces dice que no puede más.
Pero yo sé que está.
Y sé que se queda.
Y yo la quiero. Como te quiero a ti. A pesar de todo.
Papá, aunque tú no lo creas, cada martes y cada jueves sueño con verte aparecer para venir a buscarnos. Muchas veces no viene nadie. Otras veces vienen los abuelos. Y no es que no los quiera. Es que cuando eso pasa me siento una carga.
También me duelen los fines de semana en los que tampoco vienes. Dices que tienes obligaciones. Que tienes que trabajar. Yo no sé bien cómo funcionan las cosas de los mayores. Solo sé que sigo queriendo verte, aunque te enfades conmigo. Aunque a veces me dé miedo. Aunque no sepa nunca si esta vez sí vas a venir.
En este Día del Padre solo tengo unos pocos deseos:
Que me quieras como soy.
Que firmes el consentimiento para que mamá pueda llevarme a una psicóloga, porque no es fácil entender el mundo de los adultos cuando todavía eres un niño.
Y que me lleves alguna vez a tu otra casa.
Ya sé que allí tampoco vivo yo. Ya sé que no es mi casa. Pero mi hermano pequeño también es mi familia y me gustaría pasar tiempo con él.
No quiero alargarme más.
Solo espero que hoy tengas un buen día. Hoy es jueves. Ojalá vengas a verme. Ojalá, por una vez, no lo sientas como un derecho que usas cuando quieres, sino como algo que de verdad te importa.
Podríamos celebrar tu día juntos.
Podría hacerte un dibujo.
Te quiero, aunque no lo diga siempre.
Soy un niño.
Alguien tiene que enseñarme cómo se hace eso.
No sé si eres el mejor papá.
Pero eres el mío.
Y yo te quiero así, tal y como eres.
Y tú…
¿me quieres a mí?
Cualquier parecido con la realidad es pura ficción. Cualquier cosa que te parezca ficción puede ser una gran verdad…








